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                                       La luz disipa los miedos

 

La abuela: “¿Ya rezas tus oraciones cada noche?”

El nieto: “¡Por supuesto!”

“¿Y por las mañanas?”

“No, Durante el día no tengo miedo”.

Anthony de Mello


La verdadera oración tiene que ser acercamiento a la Luz, no refugio en la oscuridad; tiene que ahuyentarnos los miedos, no crearnos más. La oración brota del amor, y el amor echa fuera todos los miedos.

Cristo es signo del amor liberador de Dios. Ya en su vida luchó contra toda clase de mal, de injusticia, de pecado…y venció a la muerte dando su vida. El liberó a sus discípulos de todo temor e infundió fuerza sanadora a cuentos confiaron en El. También quiso liberar al joven rico del miedo que tenía a dejar sus bienes, pero supo respetar la libertad.

Quien cree en Jesús, quien ora en su nombre, se verá libre de las consecuencias funestas del pecado: rencor, rechazo, odio, desprecio, miedo…El da la gracia para extirpar las raíces del pecado, para amar y perdonar. El rompe las ataduras y comunica su Espíritu para poder ser nueva luz y alejar otros miedos.

“Yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel Día”. (2 Tim. 1.12).