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                                       Denme mi libro

 

San Felipe Benicio en su lecho de muerte exclamaba: “¡Denme mi libro!…”
Los que estaban en su habitación le daban uno tras otro, pero él seguía diciendo: “¡Denme mi libro!”.

Notando que fijaba sus ojos en el crucifijo se lo dieron: “Este sí es mi libro-exclamó-; en él he leído muchas veces y con él quiero terminar mi vida”.

Todo el que sufre, necesita poner los ojos fijos en Aquél que con sus sufrimientos da valor, energía, consuelo y paz. El mira con amor al que muere y al que ha perdido algún ser querido.

Muchas veces, la muerte nos sacude la fe. Aunque ésta no nos protege contra el dolor, sin embargo nos da fuerzas para aceptar los golpes. Es la confianza en Dios Padre, quien está siempre presente en todos los momentos de nuestra existencia, la que nos da fuerzas para encontrar paz y fortaleza.

Es bueno orar siempre al Padre:
“Padre nuestro que sufres y lloras, 
con los que sueñan y mueren en sus sueños
Padre nuestro que estás en la tierra,
con los que seguimos fatigados, tus senderos.
Padre nuestro que amas la vida
Y alimentas con bondad a los pequeños.
Danos tu fuerza que transforme la tierra.
¡Embríaganos con tu vino nuevo!” (Eusebio Gómez Navarro).