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                      Terapia para una vida saludable


En una gran ciudad, un investigador preguntaba a los transeúntes si eran supersticiosos o no. Nueve de cada diez respuestas eran negativas.
No muy lejos se había arrimado una escalera contra una fachada. La mayoría de los que habían proclamado su rechazo a la superstición procuraban no pasar por debajo de la escalera.
¿En quién y en qué cree la gente? ¿A dónde acude para buscar salud? ¿Qué hace? ¿Tiene que ver algo la fe con la salud de las personas?


Uno de los aspectos más importantes de la vida es la salud, y es una de las principales preocupaciones. Así lo expresa el pueblo: “Lo primero es la salud”, “la salud no se paga con nada”.
Jesús recorría ciudades y aldeas sanando toda enfermedad y dolencia” (Mt 9,35).
Los enfermos buscan a Jesús, quieren verlo, hablar con él, tocarlo. La palabra y el gesto de Jesús son sanadores. “La terapia que Jesús pone en marcha es su propia persona” (H. Wolff).
Los evangelistas hablan de la “fuerza sanadora” que salía de Jesús y curaba a todos (Lc 6,19). Si hace el bien y sana es porque vive “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo” (Hch 10,38). Por eso, sus manos son bendición de Dios (Mt 19,13-15) y sus palabras, espíritu y vida” (Jn 6,63). Encarna al Dios amigo de la vida.
Jesús vino para salvar, para dar vida y vida en abundancia (Jn 10, 10). Lo que Jesús busca es reconstruir toda la persona, sanando la mente y el corazón. Lo que desea es que seamos como los árboles sanos que dan frutos buenos: “Por sus frutos los reconoceréis” (Mc 7,20).
Jesús entiende la salud como liberación de las fuerzas del mal. Dice a la mujer esclavizada por Satanás: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad” (Lc 13,12). Con la sanación devuelve a los enfermos la paz y el gozo.
Para sanarse Jesús sólo exige creer y querer. Dice a la hemorroisa: “Tu fe te ha salvado” (Mc 5,34). Esta fe conlleva querer sanarse. Jesús pregunta: “Quieres curarte?” (Jn 5,6), es decir, querer cambiar y no volver a las viejas actitudes... La salud que Jesús promueve, favorece al ser humano por completo. Él es fuente de vida y salvación.
Decía C. G. Jung: “Acercarse a lo sobrenatural es verdadera terapia”. En la experiencia de comunión con Dios la persona goza de salud desbordante. Creer en el amor incondicional de Dios es la mejor terapia para curarse de todas las enfermedades y complejos. Quien ama, goza de la vida y comunica vida. “Haz eso (ama) y vivirás” (Lc 10,28).