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                                       El álamo y la encina

Érase una vez un álamo esbelto, que crecía en la ribera de un río.

Era el último de la alameda. A poca distancia de él había una encina, baja y frondosa. Era la primera de un encinar situado en un ribazo.

Y le dijo el álamo a la encina:

-“¿Cómo te has quedado tan bajita? Yo pensaba que me ganarías en altura”.

-“No soy bajita, Es que he crecido también hacia abajo. Tengo raíces poderosas. Ellas me proporcionan la seguridad que tengo. Te diré: sufro por ti cuando vienen los vientos fuertes y te bamboleas. Parece que te vas a tronchar de un momento a otro. ¿Por qué has crecido así?”.

Y el álamo le respondió:

.-“Es que voy buscando siempre la novedad: nuevo cielo, nuevo aire, nueva luz. Me ahogo estando siempre abajo. Me aburro estando siempre lo mismo. Me encanta la novedad. ¡Si vieras el paisaje que se divisa desde aquí arriba!”

Y le dijo la encina:

- “¿Qué te parece si hiciéramos un injerto de álamo en encina? Tendríamos mi seguridad y tu novedad. ¡Qué hijo tan hermoso nos saldría!”.

- “Estupendo!”, dijo el álamo. “Los agrónomos no lo han intentado, pero nosotros lo lograremos.

Augusto Guerra

Hay muchas personas que son como el álamo. Andan siempre buscando la novedad. Están inquietas e intranquilas con lo que tienen. Quieren algo distinto, algo nuevo. Y eso, en principio, es bueno. Es su creatividad la que les pone en movimiento. Ven cómo la vida cambia y ellos no quieren quedarse atrás. Pero corren el peligro de no profundizar, de no enraizarse, de no resistir las dificultades que encuentran en esas situaciones cambiantes. A muchas se las traga la vanidad, las modas, los cambios permanentes de carro, vivienda, vestidos, trabajo, electrodomésticos, amante…Se cansan de todo y la novedad se convierte en vanalidad . Les conviene ser creativos desde la fidelidad, desde unas raíces profundas como las raíces de la encina.

Otros en cambio, son como la encina: buscan seguridad. Tienen miedo a cualquier cambio. Parece que no saben moverse si no es en el lugar en que siempre se han movido. Espiritualmente viven de costumbres y devociones antiguas, porque creen que las novedades son peligrosas. Son incapaces del diálogo con un mundo que evoluciona, porque su mundo es el de siempre. Dicen que Dios no cambia, pero olvidan que es el eterno presente. Y, en el fondo, aunque se crean muy seguros, no saben qué hacer. Y se esconden. Les conviene imitar bastante al álamo, buscar nueva luz, nuevos cielos, nueva respiración.

Y si unos y otros logran en sí mismos hacer el injerto de álamo y encina, habremos logrado una personalidad equilibrada, profunda y novedosa, novedosa y profunda, fiel creadora y creadoramente fiel.

Para ver el Blog del P. Eusebio: http://lafuentequemana.blogspot.com/