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Hay muchas casas de campesinos cerca de centrales eléctricas; sin embargo ellos necesitan velas para poder ver en la noche.

La razón de usar las velas es porque les falta el tendido eléctrico. Viven cerca de la fuente de electricidad, pero no tienen luz. Si ellos pudieran buscar a alguien que intercediera por ellos y les consiguiese el tendido eléctrico, lograrían ver durante la noche mucho mejor.


De nada nos sirve saber que Jesús es la luz, si no acudimos a Él. Muy poco nos aprovecha el haber oído que Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre, y que igual que sanaba puede seguir sanando, si no creemos esta verdad (Heb 13,8). No sólo Jesús sana, sino que ha dado poder a todos los que creen en Él para que sean canales de curación y salvación. Puede estar muy cerca la luz, como la tenía el campesino, y sin embargo no poder usarla porque no sabe cómo o no hay nadie que le ayude. Dios nos ha dado la capacidad de ayudarnos los unos a los otros, de alumbrarnos y sanarnos. Dios sigue sanando a través de Jesús y los otros, médicos, medicinas y gente de fe.

Jesús fue ungido con el Espíritu Santo y con poder, y pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con Él (Hch 10,34-44). A los enfermos los sanaba, porque tenía compasión de ellos. “Y recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y dolencia en el pueblo” (Mt 4,23). De su persona “salía una fuerza que sanaba a todos” (Lc 6.19).

Mas Jesús no sólo sanó Él, sino que además dotó a sus discípulos de este poder. “Convocando a los Doce, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para curar enfermedades” (Lc 9.1-6). Y ellos salieron por todas partes, imponían las manos sobre los enfermos, los ungían con aceite y los anunciaban la cercanía del Reino de Dios. Todo lo que habían recibido gratis, lo daban gratis (Mt 10,8).

“Yo les aseguro: el que crea en mí, hará el también las obras que yo hago, y hará mayores aún” (Jn 14,12). Todos aquellos que creen en Dios, en su fidelidad, sabiduría, en su bondad y en su poder, verán cómo Dios obra a través de la fe de ellos mismos. La oración de fe hará milagros, sanará al enfermo” (St 5,15). “Todo lo que pidan en la oración crean que ya lo han recibido y lo obtendrán” (Mc 11,22-24). Dios nos pide una oración de fe y amor por los enfermos y por los que sufren. Luego Él pone todo lo demás.

Para ver el Blog del P. Eusebio: http://lafuentequemana.blogspot.com/