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                            La fidelidad se llama Canelo

 

En el cementerio de San Javier, de Murcia, hay un perro que lleva diez años durmiendo y viviendo sobre la tumba de su amo. El animal, si es que así puede llamársele, días después de la muerte de su amo, añorando su presencia, se encaminó él solo al cementerio, encontró ¿quién le guiaba?, sucumba y sobre ella se sentó a esperar a la muerte. Durante muchos días no se movió de sobre su lápida, sin alejarse siquiera para buscar comida. Sólo más tarde, el viejo sepulturero se apiadó de él y sustituyó, en parte, el cariño del muerto. Pero Canelo nunca renunció a su fidelidad. Y allí sigue, recordando a un muerto cuyos parientes ya le han olvidado. El amor del perrillo es la única flor que adorna esa tumba. Hasta el verdín ha borrado ya casi el nombre del muerto. En la memoria de Canelo no se ha borrado nada.

José L. Martín Descalzo

 
Dios es la roca de Israel (Dt 32,4). Sus palabras y promesas no pesar, se mantienen de generación en generación. A pesar de las infidelidades de la raza human, El permanece fiel (2 Tm 2.13).

Cristo es el siervo fiel, que cumple en todo la voluntad del Padre. La fidelidad de Dios se manifiesta en El, pues aún siendo nosotros infieles, El permanece fiel. Por eso Pablo invitará a los cristianos a imitar a Cristo manteniéndose firmes hasta la muerte (2 Tm 2, 11s).

¿Quién es, pues, el siervo, el cristiano fiel?

“El que es fiel en lo mínimo, también lo es en lo mucho” (Lc. 16.10). El que es infiel en lo poco, también lo será en lo mucho. La fidelidad radica en el corazón, porque éste no puede estar sin poseer. “Es imposible ser hombre y no inclinarse. Si a Dios rechaza, ante un ídolo se inclina” (Dostoievski). Cualquier cosa se puede convertir en ídolo absoluto, a cambio de una pequeña satisfacción esclavizante. Tres ídolos tienen especial arraigo en la mente humana: el dinero, el sexo y el poder. Los tres y muchos más, embriagan y esclavizan al ser humano prometiendo sabiduría, comodidad, felicidad, fama. Todos tienen el oficio de suplantar y alejar a Dios de la vida.

Canelo nunca renunció a la fidelidad. “Si los humanos amasen a Dios como los perros adoran a los hombres. Dios sería un amo bien servido” (Rilke).