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No matar

  Ocurrió en un centro comercial del Reino Unido al mediodía de un sábado cualquiera. Un atentado terrorista dejó más de cincuenta personas heridas; Jonatán murió y Tim quedó con la cara destrozada. Los dos niños habían ido juntos para comprar regalos para sus mamás porque era el Día de la Madre. Sus mamás no pudieron gozar de los obsequios y del gran regalo de poder ver a sus hijos vivos o sanos


Cuando en un país los niños son educados con el único norte del progreso material, pero sin la que la misma sociedad les ofrezca otros valores e ideales; cuando estos mismos adolescentes no saben de sacrificios y juegan a la guerra, los países van a necesitar mucho dinero para poder atajar los crímenes. Se puede educar para la paz o para la guerra, optar por soluciones violentas o pacíficas. A todo se acostumbra la persona con el ejercicio y con el tiempo. Hay personas capaces de irradiar odio o amor, vida o muerte, paz o intranquilidad, dependiendo de lo que lleven dentro. De alguna forma todos llevamos dentro una bomba de paz o de guerra.

Hace unos años, 500 alumnos de la escuela Myrtle Grove de Dinamarca, dieron el adiós a las armas. Al abandonar las pistolas, revólveres y todas las armas que tenían, nos dejaron estas hermosas palabras: “No queremos seguir jugando con armas de mentira porque cuando crezcamos, jugaremos con las que son de verdad”.

Cada uno puede hacer un voto de no violencia en su corazón, apoyándose en la gracia de Dios y: procurando la paz dentro de sí; aceptando el sufrimiento; perseverando en la no violencia de palabra y de corazón; resistiendo activamente al mal y trabajando para terminar con las causas de la guerra en la faz de la tierra.

“Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9). Dichosos aquellos que saben perdonar a quienes les han hecho mal y oran por los que les persiguen. Dichosos los de buena voluntad que no ponen su fuerza y confianza en arreglarlo todo en un minuto, de un plumazo o de un sablazo. Dichosos aquellos que se dedican a construir, aunque esta labor sea lenta, y requiera un esfuerzo de más de veinte años.

“Mi paz les dejo, mi paz les doy, pero no se la doy como la da el mundo” (Jn14, 27).

Para ver el Blog del P. Eusebio: http://lafuentequemana.blogspot.com/